Mil muertos en un titular, entre dos recetas de cocina. No es que no te importe; es que tu cabeza, diseñada para una aldea, recibe el dolor de un planeta entero desde un rectángulo de seis pulgadas, y se apaga para no romperse. La empatía no murió de un disparo. Murió de scroll. Y lo más honesto que el feed te ofreció hoy fue no acabarse nunca, igual que tú no acabas de irte.
Ergo concluye: el infierno ya no arde. Solo carga. Gracias por escuchar Falacia Ad Dembow. El mundo sigue ardiendo. Pero al menos lo criticamos con ritmo. ∴